
NQODOC
es un walking simulator en la cual se puede recorrer una recreación fantástica de los humedales del Litoral argentinos. El público, joystick en mano, explora estos territorios de día y de noche descubriendo la fauna y flora de la región pero también sorprendiéndose con situaciones mágicas.
El título de esta obra se desprende de una leyenda mocoví que recoge la relación entre la cosmovisión de estos pueblos, su entorno y el rol de los ríos en el paisaje.
La fantasía es un reflejo original de la realidad objetiva en la conciencia humana, la representación de fenómenos reales o irreales, basada en la imaginación. Desde esta hemos dado sentido a nuestro entorno y existencia.
Los territorios son áreas definidas no solo por sus particularidades físicas, sino también por sus rasgos culturales y simbólicos.
La cosmovisión de los pueblos originarios del Litoral se concibe desde el medio en el que se insertan. Los ríos, las crecientes, las bajantes, la flora y la fauna se conjugan en relatos fantásticos que articulan el sentido de la existencia humana con una visión poética del entorno.
Para mí, el arte siempre tuvo (y tiene) algo de ritual y de herencia. NQODOC nace de esa inquietud: es una palabra en lengua moqoit que significa «el fin de todo», pero que en realidad esconde el germen de un nuevo comienzo. Mi obra no busca ser una ilustración literal de la leyenda, sino un ejercicio de supervivencia de esas historias que, para seguir vivas, necesitan ser contadas una y otra vez.
Me interesa mucho la noción de mitogema, esa unidad mínima de sentido. En la leyenda mocoví que rescaté, el mitogema de la catástrofe y la salvación es el corazón de la estructura.Uso la tecnología no como un fin, sino como una herramienta para dar cuerpo a la narración oral, permitiendo que el relato mute y se adapte a nuestro presente.
En este simulador de caminata, el paisaje de los humedales del Litoral se vuelve un espacio de memoria activa. Mientras recorrés NQODOC, no estás solo habitando un entorno digital; estás participando de esa cadena de transmisión donde las historias no se congelan, sino que respiran. Es mi manera de mantener vivos estos relatos que, en su ejercicio de resistencia, van cambiando de piel pero mantienen su esencia. Al final, somos nosotros, a través de nuestra mirada y nuestra técnica, los que evitamos que ese «fin de todo» sea definitivo.



