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Quizás sea la desembocadura de un río o la calma tensa de un lago. Ese territorio recurrente. Un paisaje que respira como el Litoral, cede ante el sueño. Entre el sueño y la pesadilla. Entre la develación y el misterio.
La mirada emerge del agua y entra en el claro. Ovejas negras pastando en calma. El cuervo en el centro, sabe lo que va a pasar.
Explosión. La paz se rompe. El cisne arrojado al lago. Exhausto, arrastrado hasta la costa.
El cuervo se acerca. Lo besa. La gravedad se invierte: el cisne vuela hacia atrás. Una ostra emerge de las profundidades. El cisne entra en la ostra. Se hunde.
Se hace de noche. Doce fogatas se encienden en la orilla. Las ovejas montan guardia. La luz del fuego ilumina la espera. Una vigilia. La oscuridad abriga.
Amanece. La ostra sale. Emerge el cisne blanco. Despliega las alas. Sube hasta el cenit. Se alinea con el sol.
Muta.
Desciende transformado.



